Tradición · Liturgia · Fe RSS

La Sinodalidad de Francisco no es la Sinodalidad de León

El concepto de sinodalidad tiene raíces profundas en la historia de la Iglesia, pero su versión contemporánea plantea interrogantes que merece la pena explorar con calma y rigor.


Con la elección del Papa León XIV, el debate sobre la sinodalidad ha tomado un nuevo giro. Muchos observadores se preguntan si el nuevo pontificado mantendrá el énfasis sinodal de su predecesor, y en qué forma.

La pregunta vale la pena, pero conviene hacerla con precisión histórica. Porque la “sinodalidad” es una palabra que abarca realidades muy distintas según el contexto en que se use.

Sinodalidad histórica

Los concilios ecuménicos, los sínodos provinciales, las conferencias episcopales: todo eso es sinodalidad. La Iglesia ha gobernado de forma sinodal durante veinte siglos. El término no es una invención reciente.

Lo que san Ignacio de Antioquía llamaba la unidad en torno al obispo, lo que los Padres del Concilio de Nicea practicaban cuando debatían la naturaleza de Cristo, lo que el Concilio Vaticano I definió cuando proclamó la infalibilidad pontificia: todo eso es parte del mismo proceso de discernimiento eclesial.

El problema del vaciamiento semántico

El riesgo de la sinodalidad “procesual” —esa que pone el énfasis en el proceso de escucha más que en el contenido del depósito de la fe— es que puede convertirse en un mecanismo para disolver verdades incómodas bajo el peso del consenso.

La Iglesia no es una democracia. El Espíritu Santo no opera por mayoría de votos. La sinodalidad auténtica presupone un contenido —la Revelación, el Magisterio, la Tradición— que no está en discusión, sino que es el punto de partida desde el cual se disciernen las aplicaciones pastorales.

Esperanza en la continuidad

Lo que hace falta es una sinodalidad que no confunda la escucha con la negociación, que no disuelva la doctrina en el proceso, y que reconozca que el Pueblo de Dios incluye también a los santos del pasado —cuya voz llega a nosotros a través de la Tradición.

En eso, esperemos que León sea hijo fiel de sus predecesores.