Entre los ritos nupciales que la liturgia tradicional preserva y que prácticamente han desaparecido de la conciencia popular, el intercambio del velo —o más exactamente, la imposición del velo sobre la novia— merece una atención especial.
¿En qué consiste?
En la Misa nupcial del rito romano antiguo, después del Paternoster y antes de la Comunión, el sacerdote extiende un velo blanco (el velum) sobre los hombros del novio y la cabeza de la novia, que permanecen así unidos durante el resto de la Misa.
Este gesto, llamado también velatio nuptialis, tiene raíces en la liturgia romana del siglo IV y fue durante mucho tiempo una de las bendiciones nupciales más importantes.
Su significado
El velo nupcial expresa varias realidades simultáneamente:
La unión esponsal: Los dos quedan bajo el mismo velo, signo visible de que ahora son una sola carne. Lo que cubre a uno, cubre al otro.
La imagen de Cristo y la Iglesia: El esposo, como Cristo, cubre y protege a su esposa. La esposa, como la Iglesia, recibe esa protección con gratitud y sumisión amorosa (Ef 5:22-33).
La consagración: El velo tiene connotaciones de consagración en toda la tradición bíblica y litúrgica. La novia, cubierta, es apartada para su esposo como la Iglesia es apartada para Cristo.
¿Por qué se perdió?
La reforma litúrgica de 1969 simplificó enormemente el rito del matrimonio, eliminando muchos de estos gestos ricos en simbolismo. No fue una supresión explícita, sino que simplemente no aparecieron en el nuevo Ordo Matrimonii.
Para quienes pueden acceder a un sacerdote que celebre el matrimonio según el rito antiguo, la velación nupcial es una joya que vale la pena recuperar.