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¿Por Qué le Llamamos la «Misa de Siempre»?

El apelativo "Misa de siempre" no es un eslogan de marketing sino una afirmación teológica sobre la continuidad y el desarrollo orgánico de la liturgia romana.


Los católicos tradicionales usamos con frecuencia la expresión “la Misa de siempre” para referirnos a la Misa Tridentina, también llamada Forma Extraordinaria del Rito Romano desde el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI (2007).

La expresión incomoda a algunos. “¿Cómo que ‘de siempre’? ¿Es que antes del siglo XVI no había Misa?”

Es una objeción legítima. Merece una respuesta seria.

El desarrollo orgánico de la liturgia

La liturgia romana no fue inventada de una vez. Se fue formando, lentamente, durante siglos, acumulando oraciones, gestos, cantos y ceremonias que la Iglesia fue decantando bajo la guía del Espíritu Santo.

San Pío V, en 1570, no inventó una nueva Misa. Codificó y purificó la liturgia romana que ya existía, fijando en un texto unitario lo que hasta entonces variaba según las diócesis y las órdenes religiosas. Esa Misa codificada por san Pío V era, en sus líneas esenciales, la misma que se celebraba en Roma en tiempos de san Gregorio Magno (siglo VI), y que a su vez tenía raíces en la práctica apostólica.

¿Qué cambió en 1969?

El Novus Ordo de Pablo VI, promulgado en 1969, no fue una “reforma” en el sentido de ajustar y purificar lo existente. Fue una reconstrucción casi desde cero, con criterios que privilegiaban la inteligibilidad sobre la reverencia, la participación activa externa sobre la contemplación interior, y el ecumenismo sobre la afirmación de la fe particular católica.

Esto no significa que el Novus Ordo sea inválido. Es un rito legítimo. Pero representa una ruptura con el desarrollo orgánico anterior, algo que el propio Benedicto XVI reconoció implícitamente en Summorum Pontificum.

”De siempre” como afirmación teológica

Cuando llamamos a la Misa Tridentina “la Misa de siempre”, afirmamos que es la expresión más completa y continua de la fe de la Iglesia en el Sacrificio eucarístico. No que sea la única posible, sino que es la que ha formado a los santos, ha evangelizado a los pueblos y ha sostenido a la Iglesia a través de las tempestades de la historia.

Eso es lo que queremos recuperar. No el pasado por el pasado, sino la santidad que ese pasado hizo posible.